domingo, 3 de mayo de 2015

«Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo». (Ef. 2, 4-5)

«Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo».

Si Dios con nosotros es rico en misericordia y grande en el amor, también nosotros estamos llamados a ser misericordiosos con los demás. Si Él ama a personas malas, que son sus enemigas, también nosotros tendremos que aprender a amar a quienes no son «amables», incluidos los enemigos. ¿No nos dijo Jesús: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7)? ¿No nos pidió que fuésemos «misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36)? También Pablo invitaba a sus comunidades, elegidas y amadas por Dios, a revestirse «de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia» (Col 3, 12).
Si hemos creído en el amor de Dios, también nosotros podremos amar a nuestra vez con ese amor que hace suya cualquier situación de dolor y de necesidad, que todo lo excusa, que protege, que sabe ocuparse.
Viviendo así podremos ser testigos del amor de Dios y ayudar a todos aquellos con quienes nos encontremos a descubrir que, también con ellos, Dios es rico en misericordia y grande en el amor.
FABIO CIARDI 


En verano tenía la ilusión de ir a la Mariápolis y los médicos ajustaron perfectamente las fechas para hacerlo posible, pero dos días antes de ir a León el médico le dice que hay cambio de planes y que tienen que alargar las sesiones de radioterapia. nos comenta este momento así, pienso que es justamente de esta manera que amaba las dificultades que pueden aportar las personas que no te caen bien, que te hacen alguna jugarreta, las trata siempre con Misericordia y consigue ir mas allá del dolor que momentáneamente te pueden producir:
"Te puedes imaginar lo que supuso para mí la noticia, me daban ganas de irme abajo, de cabrearme, en el fondo en estos días solo pensaba en la Mariápolis, como casi siempre esperaba el fruto, lo bonito, pero ha sido una oportunidad preciosa de amar a Jesús Abandonado y esta vez pienso que la he aprovechado mejor que otras veces, Jesús me pide clarísimamente que me haga santo y no puedo defraudarle, ahora vivo entre la tristeza de pensar en la Mariápolis, de estar con la gente que quiero y la alegría de saber que es la VOLUNTAD de DIOS todo esto y que tengo que santificarme por encima de mis gustos humanos".