viernes, 31 de octubre de 2014

«En ti está la fuente viva».(Sal. 36,10)

«En ti está la fuente viva».
Otra fuente de la que podemos obtener el agua viva de la presencia de Dios es el hermano, la hermana. Cada prójimo, en especial el necesitado que pasa a nuestro lado, si lo amamos, no lo podemos considerar un beneficiario, sino un benefactor, porque nos da a Dios. En efecto, amando a Jesús en él -«Tuve hambre..., tuve sed..., fui forastero..., estuve en la cárcel...» (cf. Mt 25, 31-40)-, recibimos a cambio su amor, su vida, pues Él mismo, presente en nuestros hermanos y hermanas, es su fuente.
También es un manantial rico de agua la presencia de Dios dentro de nosotros. Él siempre nos habla, y está en nuestra mano escuchar su voz, que es la voz de la conciencia. Cuanto más nos esforcemos en amar a Dios y al prójimo, más fuerte se hará su voz en nosotros y aventajará a todas las demás. Pero hay un momento privilegiado en que, como nunca, podemos acudir a su presencia dentro de nosotros: cuando rezamos y procuramos ahondar en la relación directa con Él, que habita en lo profundo de nuestra alma. Es como un torrente de agua profunda que no se seca nunca, que está siempre a nuestra disposición y que puede saciamos en todo momento. Bastará con cerrar un instante los postigos del alma y recogernos para encontrar esta fuente, incluso en medio del desierto más árido. Hasta alcanzar esa unión con Él en la cual sintamos que ya no estamos solos, sino que somos dos: Él en mí y yo en Él. Y sin embargo somos uno -por un don suyo- como el agua y la fuente, como la flor y su semilla.
[...] La Palabra del salmo nos recuerda, pues, que solo Dios es la fuente de la vida, es decir, de la comunión plena, de la paz y de la alegría. Cuanto más bebamos de esa fuente, cuanto más vivamos de esa agua viva que es su Palabra, más nos acercaremos unos a otros y viviremos como hermanos y hermanas. Entonces se hará realidad, como sigue diciendo el salmo, que «tu luz nos hace ver la luz», esa luz que la humanidad espera.
Chiara Lubich 

El  “29-IV-76 le escribe a Chiara esta carta, comprende la importancia de amar a los demás:


         Queridísima Chiara:                                                                 
Soy Antonio José un Gen-3 de Granada. Yo ahora estoy aquí en Madrid en un hospital recuperándome de una infección en el vientre, como comprenderás tengo muchas oportunidades de vivir Jesús Abandonado en todo momento. (…) Aquí trato de vivir la experiencia del IDEAL a fondo, con los médicos, enfermeras, auxiliares y demás personal, con mi madre que pasa las 24 horas del día conmigo, siendo amable, aguantando el dolor y saliendo de él para abrirme a todos, a veces exploto y me sale el hombre viejo, entonces me digo que esto no es lo que Jesús quiere de mi, e intento seguir adelante, a todo esto me han ayudado mucho los que me visitan y escriben contándome sus experiencias y prometiéndome unidad.