lunes, 1 de septiembre de 2014

«Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios». (Rom. 15, 7)

«Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios».
¿Cómo viviremos, pues, la Palabra de vida de este mes? Esta concentra nuestra atención sobre uno de los aspectos de nuestro egoísmo que se da con más frecuencia y -digámoslo también- más difíciles de superar: la tendencia a aislarnos, a discriminar, a marginar, a excluir al otro porque es distinto de nosotros y podría perturbar nuestra tranquilidad.
Para ello trataremos de vivir esta Palabra de vida ante todo dentro de nuestras familias, asociaciones, comunidades y grupos de trabajo, eliminando en nosotros los juicios, las discriminaciones, las prevenciones, los resentimientos, la intolerancia hacia este o aquel prójimo, tan fáciles y tan frecuentes, que tanto enfrían y comprometen las relaciones humanas y que impiden el amor recíproco bloqueándolo como la herrumbre.
Y luego, en la vida social en general, proponiéndonos dar testimonio del amor acogedor de Jesús hacia cualquier prójimo que el Señor nos ponga al lado, especialmente aquellos que el egoísmo social tiende más fácilmente a excluir o marginar.
Acoger al otro, al que es distinto de nosotros, es la base del amor cristiano. Es el punto de partida, el primer peldaño para construir esa civilización del amor, esa cultura de comunión a la que Jesús nos llama sobre todo hoy.
Chiara Lubich 

 Antonio José escribe a un amigo:


Hoy he analizado un poco lo que han tenido de positivo estos días, han sido un reencuentro con Jesús Abandonado de una manera consciente, me he replanteado el IDEAL como lo que es y verdaderamente me he convencido de que es lo único que vale la pena, creo que ha sido lo más positivo de esto, el darme cuenta de que aparte de las cosas bonitas, mi IDEAL (lo único válido) es AMAR como lo hizo Jesús, ante la duda: amar, ante la decepción: amar, ante los palos de la vida: amar, ha sido reencontrarme conmigo mismo y trazar caminos nuevos para mi vida. 

Puede ilustrar un poco la forma con la que debemos acoger al otro, mas allá de las impresiones externas que nos pueden frenar.