«Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios».
¿Cómo
viviremos, pues, la Palabra de vida de este mes? Esta concentra nuestra
atención sobre uno de los aspectos de nuestro egoísmo que se da con más
frecuencia y -digámoslo también- más difíciles de superar: la tendencia
a aislarnos, a discriminar, a marginar, a excluir al otro porque es
distinto de nosotros y podría perturbar nuestra tranquilidad.
Para
ello trataremos de vivir esta Palabra de vida ante todo dentro de
nuestras familias, asociaciones, comunidades y grupos de trabajo,
eliminando en nosotros los juicios, las discriminaciones, las
prevenciones, los resentimientos, la intolerancia hacia este o aquel
prójimo, tan fáciles y tan frecuentes, que tanto enfrían y comprometen
las relaciones humanas y que impiden el amor recíproco bloqueándolo como
la herrumbre.
Y
luego, en la vida social en general, proponiéndonos dar testimonio del
amor acogedor de Jesús hacia cualquier prójimo que el Señor nos ponga al
lado, especialmente aquellos que el egoísmo social tiende más
fácilmente a excluir o marginar.
Acoger
al otro, al que es distinto de nosotros, es la base del amor cristiano.
Es el punto de partida, el primer peldaño para construir esa
civilización del amor, esa cultura de comunión a la que Jesús nos llama
sobre todo hoy.
Chiara Lubich