Entonces
¿cómo vivir esta Palabra de vida? Ciertamente, perdonando
inmediatamente si hubiera alguien con quien aún no estemos
reconciliados. Pero no basta con eso. Será necesario rebuscar por los
recovecos más recónditos de nuestro corazón y eliminar incluso la simple
indiferencia, la falta de benevolencia, cualquier actitud de
superioridad o de descuido con cualquiera que pase a nuestro lado.
Es
más, hacen falta medidas preventivas. Por eso, cada mañana veré con una
mirada nueva a todos aquellos con quienes me encuentre -en la familia,
en clase, en el trabajo, en la tienda-, dispuesto a pasar por alto lo
que no esté bien en su modo de actuar, dispuesto a no juzgar, a darles
confianza, a tener siempre esperanza, a creer siempre; me acercaré a
cada persona con esta amnistía completa en el corazón, con este perdón
universal; no recordaré en absoluto sus defectos, lo cubriré todo con el
amor. Y a lo largo del día procuraré reparar un desaire o una reacción
de impaciencia pidiendo perdón o con un gesto de amistad, sustituir una
actitud de rechazo instintivo hacia el otro por una actitud de plena
acogida, de misericordia sin límites, de perdón completo, de
participación y atención a sus necesidades.
Así,
cuando eleve mi oración al Padre, y sobre todo cuando le pida perdón
por mis fallos, también yo veré atendida mi petición y podré decir con
plena confianza: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6, 12).
Chiara Lubich
Encontramos un escrito de Antonio José donde explica como podemos hacer para cambiar el mundo, he aquí un estracto:
Si
queremos cambiar este mundo que no nos gusta, corrompido e hipócrita, egoísta,
por uno nuevo, distinto, donde reine el amor y la comprensión entre todos,
donde todos seamos un solo cuerpo con Jesús en medio entre nosotros, tenemos
que empezar por cambiar nosotros mismos, dando testimonio con nuestra vida. Así
conseguiremos convertir al mundo.