miércoles, 9 de abril de 2014

"Os doy un mandamineto nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros" (Jn 13-34).

Jesús te dice además que este mandamiento es nuevo. «Os doy un mandamiento nuevo». ¿Qué quiere decir? ¿Tal vez que este mandamiento no era conocido?
No. Nuevo significa hecho para los tiempos nuevos. Entonces ¿de qué se trata?
Mira: Jesús murió por nosotros. Es decir, nos amó hasta la medida extrema. Y ¿qué tipo de amor era? Ciertamente no como el nuestro. Su amor era divino. Él dice: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo» (Jn 15,9). Es decir, nos amó con el mismo amor con que se aman el Padre y Él. Y con ese mismo amor debemos amarnos mutuamente para poner en práctica el mandamiento nuevo.
Ahora bien, semejante amor, tú, hombre o mujer, no lo tienes. Pero alégrate, porque lo recibes como cristiano. Y ¿quién te lo da? El Espíritu Santo lo infunde en tu corazón y en el corazón de todos los que creen.
De modo que hay una afinidad entre el Padre, el Hijo y nosotros, los cristianos, gracias al mismo amor divino que poseemos. Este amor nos introduce en la Trinidad. Y es este amor el que nos hace hijos de Dios.
Por este amor, el cielo y la tierra están conectados como por una gran corriente. Por este amor, la comunidad cristiana es elevada a la esfera de Dios y la realidad divina vive en la tierra donde los creyentes se aman.
¿No te parece divinamente bello todo esto y extraordinariamente fascinante la vida cristiana?
Chiara Lubich

CON TAN SOLO 11 AÑOS, ANTONIO JOSÉ ESCRIBE ESTE "TRATADO" SOBRE ESA FRASE QUE CHIARA COMENTA. REALMENTE TENEMOS MUCHO QUE APRENDER:
EL AMOR

El amor es un don de Dios por el cual nos sentimos atraídos hacia alguna persona o cosa. El amor como cualquier otro don que Dios pone en nosotros hay que cultivarlo.
Un buen cristiano debe amar siempre a cada hora, cada minuto, cada segundo pero no un amor pagano o de conveniencia, sino un amor verdadero. Debe haber tanto amor en el corazón, de un cristiano que si fuera necesario diera la vida por un desconocido.
Pero ¿Cómo vamos a dar la vida si no somos capaces de hacer las cosas más insignificantes? Esta es la triste verdad, somos, casi siempre, unos “parlanchines” que hablamos mucho y hacemos poco.
También hay gente que cree que el amor solo se manifiesta en una o en un grupo reducido de personas: esposa, hijos, padres y poco más, cuando a mi modo de ver, el amor tiene que ser “universal”, es decir a todos y cada uno de nuestros semejantes.
Otra importante faceta del amor es el matrimonio, para llegar a ese punto es necesario un conocimiento mutuo de los cónyuges para que no sea un fracaso.
Si nosotros amaramos el dolor, amaríamos de verdad, pues si tuviéramos dominado el dolor ¿Qué nos iba a importar? Creo que si los hombres no fuéramos tan materialistas amaríamos más.
Febrero de 1975, (con 11 años)