lunes, 1 de diciembre de 2014

«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». (Lc 3, 11).

«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Tenemos muchas riquezas para poner en común, aunque no lo parezca. Tenemos que afinar la sensibilidad y adquirir conocimientos para poder ayudar concretamente y encontrar el modo de vivir la fraternidad. Tenemos afecto en el corazón para dar, cordialidad para demostrar, alegría para comunicar. Tenemos tiempo para poner a disposición, oraciones, riquezas interiores que poner en común, de palabra o por escrito; pero a veces también tenemos cosas, bolsos, bolígrafos, libros, dinero, casas, vehículos que podemos ofrecer... Quizá acumulamos muchas cosas pensando que algún día podrán sernos útiles, y mientras tanto tenemos alguien al lado que lo necesita con urgencia.
Igual que las plantas solo absorben del terreno el agua que necesitan, tratemos también nosotros de tener solo lo que sea necesario. Es mejor darnos cuenta de vez en cuando de que nos falta algo; mejor ser un poco pobres que un poco ricos.
«Si cada uno, proveyéndose de lo imprescindible para su necesidad, dejara al necesitado lo que excede, no habría ni rico ni pobre».
Probemos, comencemos a vivir así. Ciertamente, Jesús no dejará de mandamos el céntuplo, y podremos seguir dando. Al final nos dirá que lo que hemos dado, a quien sea, se lo hemos dado a Él.
Chiara Lubich 

 Creo que este texto de antonio José resume lo que significa DAR, es un Amor que ama siempre, a cada hora y a todos, un aspecto es el DAR...


EL AMOR

El amor es un don de Dios por el cual nos sentimos atraídos hacia alguna persona o cosa. El amor como cualquier otro don que Dios pone en nosotros hay que cultivarlo.
Un buen cristiano debe amar siempre a cada hora, cada minuto, cada segundo pero no un amor pagano o de conveniencia, sino un amor verdadero. Debe haber tanto amor en el corazón, de un cristiano que si fuera necesario diera la vida por un desconocido.
Pero ¿Cómo vamos a dar la vida si no somos capaces de hacer las cosas más insignificantes? Esta es la triste verdad, somos, casi siempre, unos “parlanchines” que hablamos mucho y hacemos poco.
También hay gente que cree que el amor solo se manifiesta en una o en un grupo reducido de personas: esposa, hijos, padres y poco más, cuando a mi modo de ver, el amor tiene que ser “universal”, es decir a todos y cada uno de nuestros semejantes.
Otra importante faceta del amor es el matrimonio, para llegar a ese punto es necesario un conocimiento mutuo de los cónyuges para que no sea un fracaso.
Si nosotros amaramos el dolor, amaríamos de verdad, pues si tuviéramos dominado el dolor ¿Qué nos iba a importar? Creo que si los hombres no fuéramos tan materialistas amaríamos más.
Febrero de 1975, (con 11 años)

viernes, 31 de octubre de 2014

«En ti está la fuente viva».(Sal. 36,10)

«En ti está la fuente viva».
Otra fuente de la que podemos obtener el agua viva de la presencia de Dios es el hermano, la hermana. Cada prójimo, en especial el necesitado que pasa a nuestro lado, si lo amamos, no lo podemos considerar un beneficiario, sino un benefactor, porque nos da a Dios. En efecto, amando a Jesús en él -«Tuve hambre..., tuve sed..., fui forastero..., estuve en la cárcel...» (cf. Mt 25, 31-40)-, recibimos a cambio su amor, su vida, pues Él mismo, presente en nuestros hermanos y hermanas, es su fuente.
También es un manantial rico de agua la presencia de Dios dentro de nosotros. Él siempre nos habla, y está en nuestra mano escuchar su voz, que es la voz de la conciencia. Cuanto más nos esforcemos en amar a Dios y al prójimo, más fuerte se hará su voz en nosotros y aventajará a todas las demás. Pero hay un momento privilegiado en que, como nunca, podemos acudir a su presencia dentro de nosotros: cuando rezamos y procuramos ahondar en la relación directa con Él, que habita en lo profundo de nuestra alma. Es como un torrente de agua profunda que no se seca nunca, que está siempre a nuestra disposición y que puede saciamos en todo momento. Bastará con cerrar un instante los postigos del alma y recogernos para encontrar esta fuente, incluso en medio del desierto más árido. Hasta alcanzar esa unión con Él en la cual sintamos que ya no estamos solos, sino que somos dos: Él en mí y yo en Él. Y sin embargo somos uno -por un don suyo- como el agua y la fuente, como la flor y su semilla.
[...] La Palabra del salmo nos recuerda, pues, que solo Dios es la fuente de la vida, es decir, de la comunión plena, de la paz y de la alegría. Cuanto más bebamos de esa fuente, cuanto más vivamos de esa agua viva que es su Palabra, más nos acercaremos unos a otros y viviremos como hermanos y hermanas. Entonces se hará realidad, como sigue diciendo el salmo, que «tu luz nos hace ver la luz», esa luz que la humanidad espera.
Chiara Lubich 

El  “29-IV-76 le escribe a Chiara esta carta, comprende la importancia de amar a los demás:


         Queridísima Chiara:                                                                 
Soy Antonio José un Gen-3 de Granada. Yo ahora estoy aquí en Madrid en un hospital recuperándome de una infección en el vientre, como comprenderás tengo muchas oportunidades de vivir Jesús Abandonado en todo momento. (…) Aquí trato de vivir la experiencia del IDEAL a fondo, con los médicos, enfermeras, auxiliares y demás personal, con mi madre que pasa las 24 horas del día conmigo, siendo amable, aguantando el dolor y saliendo de él para abrirme a todos, a veces exploto y me sale el hombre viejo, entonces me digo que esto no es lo que Jesús quiere de mi, e intento seguir adelante, a todo esto me han ayudado mucho los que me visitan y escriben contándome sus experiencias y prometiéndome unidad.

martes, 30 de septiembre de 2014

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Texto de la Palabra de Vida del mes de Septiembre 2014:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Con la metáfora del pan, Jesús nos enseña también el modo más verdadero y más «cristiano» de amar a nuestro prójimo.
En realidad, ¿qué significa amar?
Amar significa «hacerse uno» con todos, hacerse uno en todo lo que los demás desean, en las cosas más pequeñas e insignificantes y en esas que puede que a nosotros nos importen poco pero que interesan a los demás.
Y Jesús ejemplificó de manera estupenda este modo de amar haciéndose pan para nosotros. Él se hace pan para entrar en todos, para hacerse comestible, para hacerse uno con todos, para servir, para amar a todos.
Así pues, hagámonos uno también nosotros hasta dejarnos comer.
Esto es el amor, hacernos uno de modo que los demás se sientan alimentados por nuestro amor, reconfortados, aliviados y comprendidos.
Chiara Lubich 

Traemos este texto que Antonio José le escribe a un amigo, refleja lo que significa la Eucaristía para él, como entendió su significado:
 
“...si te digo la verdad al principio no me resigné a perderlo todo y amar a Jesús Abandonado, pero esta tarde he bajado un momento a la capilla, le he pedido a El perdón, y también fuerzas para no salirme del rayo de sol, de la Voluntad del Padre, para amar y hasta buscar a Jesús Abandonado, creo que he ganado una batalla de mi revolución personal, de mi lucha interna que poco a poco, muy poco a poco, me va convirtiendo en un hombre nuevo, en un auténtico soldado de Cristo.”

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Algo de Antonio José en una carta

Hoy me dieron a leer una carta de un jóven, le escribe al grupo de chicos que juntos tratan de vivir la Espiritualidad de la Unidad. Me gusó el moemnto en que recuerda a Antonio José. Quiero traer el final de la carta, de dos páginas. En ella cuenta algo de su vida, de su historia en este camino, desde que era pequeño y empezó a amar. El final dice así:
"En este periodo donde apareció Mar dando comienzo a una nueva etapa. Aprender a compartir con ella mi más que profundo interior y acercarme a Dios en este hacernos santos juntos han sido las últimas notas que me ha traído hasta el presente. 
Ahora comienzo un nuevo curso, y como todo inicio con su ilusión, ganas, empeño e intriga.
Personalmente me encuentro con ganas de contiunuar en esta búsqueda de Dios y compartir con vosotros este camino. Poder llevar una vida de unidad donde el amor de Dios "Ágape" circula y conquista . Trataré de poner de mi parte para que así sea. Ahora me gustaría sabe cómo esán tus inquietudes, tu alma. si se mantiene firme y con ganas de invlucrarse en un camino de Santidad, o en cambio pasa por momentos de oscuridad e indecisión. 
Si te animas a escribirme algo de vuelta, te dejo mi dirección.
Termino compartiendo una frase de Antonio José Lombardo que quizás la conozcas pero me encanta recordarla:
"La vida es una carrera, gana el primero que se hace Santo".

Me gustó mucho ver que un jóven que no lo conoció tenga como modelo a Antonio José.

Si te animas a decir algo en el blogs, tu impresión, tu opinión... No lo dudes, te escucharemos con mucha alegría.

lunes, 1 de septiembre de 2014

«Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios». (Rom. 15, 7)

«Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios».
¿Cómo viviremos, pues, la Palabra de vida de este mes? Esta concentra nuestra atención sobre uno de los aspectos de nuestro egoísmo que se da con más frecuencia y -digámoslo también- más difíciles de superar: la tendencia a aislarnos, a discriminar, a marginar, a excluir al otro porque es distinto de nosotros y podría perturbar nuestra tranquilidad.
Para ello trataremos de vivir esta Palabra de vida ante todo dentro de nuestras familias, asociaciones, comunidades y grupos de trabajo, eliminando en nosotros los juicios, las discriminaciones, las prevenciones, los resentimientos, la intolerancia hacia este o aquel prójimo, tan fáciles y tan frecuentes, que tanto enfrían y comprometen las relaciones humanas y que impiden el amor recíproco bloqueándolo como la herrumbre.
Y luego, en la vida social en general, proponiéndonos dar testimonio del amor acogedor de Jesús hacia cualquier prójimo que el Señor nos ponga al lado, especialmente aquellos que el egoísmo social tiende más fácilmente a excluir o marginar.
Acoger al otro, al que es distinto de nosotros, es la base del amor cristiano. Es el punto de partida, el primer peldaño para construir esa civilización del amor, esa cultura de comunión a la que Jesús nos llama sobre todo hoy.
Chiara Lubich 

 Antonio José escribe a un amigo:


Hoy he analizado un poco lo que han tenido de positivo estos días, han sido un reencuentro con Jesús Abandonado de una manera consciente, me he replanteado el IDEAL como lo que es y verdaderamente me he convencido de que es lo único que vale la pena, creo que ha sido lo más positivo de esto, el darme cuenta de que aparte de las cosas bonitas, mi IDEAL (lo único válido) es AMAR como lo hizo Jesús, ante la duda: amar, ante la decepción: amar, ante los palos de la vida: amar, ha sido reencontrarme conmigo mismo y trazar caminos nuevos para mi vida. 

Puede ilustrar un poco la forma con la que debemos acoger al otro, mas allá de las impresiones externas que nos pueden frenar. 


 

jueves, 31 de julio de 2014

«Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados».



Entonces ¿cómo vivir esta Palabra de vida? Ciertamente, perdonando inmediatamente si hubiera alguien con quien aún no estemos reconciliados. Pero no basta con eso. Será necesario rebuscar por los recovecos más recónditos de nuestro corazón y eliminar incluso la simple indiferencia, la falta de benevolencia, cualquier actitud de superioridad o de descuido con cualquiera que pase a nuestro lado.
Es más, hacen falta medidas preventivas. Por eso, cada mañana veré con una mirada nueva a todos aquellos con quienes me encuentre -en la familia, en clase, en el trabajo, en la tienda-, dispuesto a pasar por alto lo que no esté bien en su modo de actuar, dispuesto a no juzgar, a darles confianza, a tener siempre esperanza, a creer siempre; me acercaré a cada persona con esta amnistía completa en el corazón, con este perdón universal; no recordaré en absoluto sus defectos, lo cubriré todo con el amor. Y a lo largo del día procuraré reparar un desaire o una reacción de impaciencia pidiendo perdón o con un gesto de amistad, sustituir una actitud de rechazo instintivo hacia el otro por una actitud de plena acogida, de misericordia sin límites, de perdón completo, de participación y atención a sus necesidades.
Así, cuando eleve mi oración al Padre, y sobre todo cuando le pida perdón por mis fallos, también yo veré atendida mi petición y podré decir con plena confianza: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6, 12).
Chiara Lubich 

Encontramos un escrito de Antonio José donde explica como podemos hacer para cambiar el mundo, he aquí un estracto: 

Si queremos cambiar este mundo que no nos gusta, corrompido e hipócrita, egoísta, por uno nuevo, distinto, donde reine el amor y la comprensión entre todos, donde todos seamos un solo cuerpo con Jesús en medio entre nosotros, tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos, dando testimonio con nuestra vida. Así conseguiremos convertir al mundo.
 

martes, 1 de julio de 2014

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»

«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
El propio Jesús nos dice dónde radica el secreto de la eficacia de esta oración: este radica enteramente en el «reunidos en mi nombre». Cuando estamos así unidos, entre nosotros está su presencia, y todo lo que pedimos con Él es más fácil de obtener. Pues es Jesús mismo, presente donde el amor recíproco une los corazones, quien pide con nosotros los favores a su Padre. Y ¿puedes imaginarte que el Padre no escuche a Jesús? El Padre y Cristo son un todo.
¿No te parece espléndido todo esto? ¿No te da certeza? ¿No te da confianza?
Ahora seguramente te interesará saber qué quiere Jesús que pidas. Él mismo lo dice claramente: «cualquier cosa». O sea, que no hay ningún límite.
Pues entonces, incluye esta oración en el programa de tu vida. Puede que tu familia, tú mismo, tus amigos, las asociaciones de las que formas parte, tu patria o el mundo que te rodea carezcan de innumerables ayudas porque tú no las has pedido.
Ponte de acuerdo con tus allegados, con quienes te comprenden o comparten tus ideales, y, una vez dispuestos a amaros como manda el Evangelio, tan unidos como para merecer la presencia de Jesús entre vosotros, pedid. Y pedid lo más que podáis: pedid durante la asamblea litúrgica; pedid en la iglesia; pedid en cualquier lugar; pedid antes de tomar decisiones; pedid cualquier cosa.
Y sobre todo no dejéis que Jesús quede defraudado por vuestra negligencia después de haberos dado tantas posibilidades.
La gente sonreirá más; los enfermos tendrán esperanza; los niños crecerán más protegidos y los hogares familiares más armoniosos; se podrán afrontar los grandes problemas en la intimidad de las casas... y os ganaréis el Paraíso, porque orar por las necesidades de los vivos y de los difuntos es además una de esas obras de misericordia que se nos pedirán en el examen final.
Chiara Lubich
 Antonio José tiene claro lo que significa la presencia de Jesús en Medio. En una carta cuenta como lo ve relacionado con el descubrir cual es la Voluntad de Dios y ser fieles a ella. Creo que sería un aspecto para saber que pedir:
 
 “…Vale, J., tratamos de tener fortísimo a Jesús en Medio haciendo los dos, tu en Granada, yo aquí, solo lo que sea VOLUNTAD DE DIOS, al mismo tiempo Jesús en Medio será un altavoz que nos hará ver más clara su VOLUNTAD”.