«Toda
la ley se cumple en una sola frase: amarás a tu prójimo como a ti
mismo».
¿Cómo
poner en práctica esta Palabra?
Está
claro: amando al prójimo, amándolo de verdad. Lo cual significa:
donarnos a él, pero donarnos desinteresadamente.
No
ama quien manipula a su prójimo en función de sus propios fines,
aunque sean de lo más espiritual, como por ejemplo hacerse santo.
Tenemos que amar al prójimo, no a nosotros mismos.
Sin
embargo, es indudable que quien ama así se hace santo de verdad;
será «perfecto como el Padre», porque habrá cumplido lo mejor que
podía hacer: ha entendido bien la voluntad de Dios, la ha puesto en
práctica; ha observado plenamente la ley.
Y
¿no es cierto que al final de la vida se nos examinará únicamente
sobre el amor?
Chiara
Lubich
Escribiendo
lo que solía hacer durante un día cualquiera, cuando habla de la
relación con las enfermeras, lo expresa así:
“...hay
tardes que nos las pasamos enteras bromeando, otras hablamos un poco
en serio, me alegra ver cómo piensan algunas, me hace pensar que sin
llamarse “Gen” hay gente que quiere vivir como Jesús a través
de su profesión, otras no piensan igual, a estas trato de amarlas
tal y como son sin esperar nada a cambio, tratando de demostrarle mi
verdad con los hechos y el respeto a su forma de ver las cosas.
La
relación con C. Clariá es también muy profunda. Y sorprenden mucho
sus palabras porque, ya desde el 1977, se puede apreciar esta
relación verdadera, que nace de haber puesto por encima de todo la
caridad reciproca, de haber mantenido la presencia de Jesús en medio
de ellos y de transmitirlo así a los demás. Carlos,
le escribe así en una carta, le da las gracias por lo que aprendió
de Antonio José:
“…después
de estar un rato contigo me ha quedado en el alma un deseo grande de
creer en el Amor de Dios, aún cuando es oscuro, y de seguir amando
siempre. Así soy un hijo legítimo de mi Padre, y aprendo a amar
como Él, con amor puro.
Gracias,
Antonio, porque al haberme comunicado tu alma, me has dado este don.
Espero
tus noticias semanales…”