viernes, 3 de mayo de 2013

«Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante». (Lc. 6, 38)

«Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante».
recuerda que hay que dar desinteresadamente, sin esperar nada a cambio, a cualquiera que pida.
Haz la prueba. Pero no lo hagas para comprobar el resultado, sino porque amas a Dios.
Me dirás: «Si yo no tengo nada».
No es verdad. Si queremos, tenemos tesoros inagotables: nuestro tiempo libre, nuestro corazón, nuestra sonrisa, nuestro consejo, nuestra cultura, nuestra paz, nuestra palabra para convencer a quien tiene de que dé a quien no tiene...
Me dirás entonces: «No sé a quién dar».
Mira alrededor de ti: ¿te acuerdas de aquel enfermo hospitalizado, de esa señora viuda siempre sola, de aquel compañero tan deprimido por los suspensos, de aquel joven sin trabajo, siempre tan triste, de tu hermano pequeño, que necesita ayuda, de ese amigo que está en la cárcel, de ese aprendiz inseguro? Cristo te espera en ellos.
Adopta ese comportamiento nuevo del cristiano que rezuma en todo el Evangelio y que es lo opuesto a encerrarse en uno mismo y a preocuparse. Renuncia a depositar tu seguridad en los bienes de la tierra y apóyate en Dios. Ahí se verá tu fe en Él, que pronto será confirmada por el regalo que Él te hará a su vez.

Antonio José lo hace con radicalidad:
Hagamos muchos paquetitos a Jesús”.
¿Los paquetitos? Son los actos de amor hacia los demás.
Por eso cada sonrisa, cada gesto hecho a un prójimo en el hospital es como el amor que sale destilado por el dolor transformado y que no deja entrever la prueba que se está librando dentro de él. Y ese Sí que vuelve a dar a Dios es cada vez más radical, más consciente y más maduro. En una de sus cartas escribe:
”Solo una cosa sentía muy fuerte ayer noche y que incluso anoté en un trozo de papel, es que lo mismo que Dios nos ha dado la vida y así lo comprendemos nosotros, tenemos que estar en todo momento absolutamente dispuestos a vivirla y a perderla si es preciso sólo por Él y al decir sólo quiero decir romper con todo aquello que no sea realmente voluntad suya (ambiciones materiales) tantas veces le decimos sí a Dios pero no completamente porque dejamos en el corazón espacio para el dinero, el poder, el orgullo o yo qué sé qué cosas …y ahora sí que estoy dispuesto a darle el sí total y radical a Dios, creo que ya he perdido las ilusiones materiales, ahora sólo quiero a Jesús y a las cosas o personas que sean reflejo suyo. Tú quizás ya se lo diste hace tiempo pero quiero que lo demos ahora otra vez juntos”.