He aquí la Palabra de Vida de Marzo, todos tenemos necesidad de conversión, Antonio José era consciente de esta realidad y volvía a empezar siempre:
«El
que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
¿Cómo
poner en práctica esta Palabra?
Recordando,
ante cualquier hermano o hermana nuestra, que también nosotros somos
pecadores. Todos tenemos pecado, y aunque nos parezca que no hemos
incurrido en graves errores, debemos tener siempre presente que se
nos puede escapar el peso de las circunstancias que han inducido a
otros a caer tan bajo y a alejarse de Dios de semejante forma. ¿Cómo
nos habríamos comportado nosotros en su lugar?
También
nosotros hemos roto a veces el vínculo de amor que debía unirnos a
Dios, no hemos sido fieles a Él.
Si
Jesús, el único hombre sin pecado, no lanzó la primera piedra
contra la adúltera, tampoco nosotros podemos hacerlo contra
quienquiera que sea.
Así
pues, tengamos misericordia con todos, reaccionemos contra ciertos
impulsos que nos empujan a condenar sin piedad; debemos saber
perdonar y olvidar. No mantengamos en el corazón restos de juicios o
de resentimiento donde puedan anidar la ira y el odio, que nos alejan
de los hermanos. Veamos a cada uno como si fuese nuevo.
Si
en lugar de juicio y condena, tenemos en el corazón amor y
misericordia por cada uno, lo ayudaremos a comenzar una vida nueva,
le daremos ánimos para empezar cada vez de nuevo.
Chiara Lubich
(...)
En este momento comprendo que tengo que ser fuerte, que seguir
adelante, pero instintivamente empezaría a patalear, a dar golpes, a
llorar, estoy en una situación que no se describe fácilmente con
las palabras, sé que tengo que amar y un impulso interno me incita a
odiar, es algo mucho peor que un dolor físico, sé perfectamente mi
obligación pero interiormente deseo todo lo contrario, es mucho peor
que cuando haces algo mal sin pensarlo, con un impulso, luego te das
cuenta y dices perdona Jesús, no quería hacerlo ha sido un mal
momento, soy consciente de que tengo que recibir las contrariedades
amando, pero tengo que hacer esfuerzos sobrehumanos para no
desesperarme.