«Nosotros
sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los
hermanos».
Esta
Palabra de vida nos abre inmensas perspectivas. Nos empuja a la
divina aventura del amor cristiano con consecuencias imprevisibles.
Ante todo nos recuerda que en un mundo como el nuestro, en el cual se
teoriza sobre la lucha, la ley del más fuerte, del más astuto, del
que tiene menos escrúpulos, y donde a veces todo parece paralizarse
por el materialismo y el egoísmo, la respuesta que hace falta es el
amor al prójimo. Ésta es la medicina que lo puede sanar, pues
cuando vivimos el mandamiento del amor no sólo se tonifica nuestra
vida, sino que repercute en todo lo que tenemos alrededor; es como
una ráfaga de calor divino que irradia y se propaga, penetrando en
las relaciones entre personas y entre grupos y transformando poco a
poco la sociedad.
Decidámonos,
pues. Hermanos a los que amar en nombre de Jesús los tenemos todos,
los tenemos siempre. Permanezcamos fieles a este amor y ayudemos a
muchos otros a serlo. Así conoceremos en nuestra alma lo que
significa la unión con Dios. La fe se reavivará, desaparecerán las
dudas y no sabremos lo que es el aburrimiento. La vida será plena,
plena.
Chiara Lubich
EL AMOR
El amor es un don de
Dios por el cual nos sentimos atraídos hacia alguna persona o cosa.
El amor como cualquier otro don que Dios pone en nosotros hay que
cultivarlo.
Un buen cristiano debe
amar siempre a cada hora, cada minuto, cada segundo pero no un amor
pagano o de conveniencia, sino un amor verdadero. Debe haber tanto
amor en el corazón de un cristiano que si fuera necesario diera la
vida por un desconocido.
Pero ¿cómo vamos a
dar la vida si no somos capaces de hacer las cosas más
insignificantes? Ésta es la triste verdad, somos, casi siempre, unos
“parlanchines” que hablamos mucho y hacemos poco.
También hay gente que
cree que el amor solo se manifiesta en una o en un grupo reducido de
personas: esposa, hijos, padres y poco más, cuando a mi modo de ver,
el amor tiene que ser “universal”, es decir a todos y cada uno de
nuestros semejantes.
Otra importante faceta
del amor es el matrimonio, para llegar a ese punto es necesario un
conocimiento mutuo de los cónyuges para que no sea un fracaso.
Si nosotros amáramos
el dolor, amaríamos de verdad, pues si tuviéramos dominado el dolor
¿qué nos iba a importar? Creo que si los hombres no fuéramos tan
materialistas amaríamos más.
Febrero de 1975 (con 11
años)