jueves, 31 de enero de 2013

«Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos».

«Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos».
Esta Palabra de vida nos abre inmensas perspectivas. Nos empuja a la divina aventura del amor cristiano con consecuencias imprevisibles. Ante todo nos recuerda que en un mundo como el nuestro, en el cual se teoriza sobre la lucha, la ley del más fuerte, del más astuto, del que tiene menos escrúpulos, y donde a veces todo parece paralizarse por el materialismo y el egoísmo, la respuesta que hace falta es el amor al prójimo. Ésta es la medicina que lo puede sanar, pues cuando vivimos el mandamiento del amor no sólo se tonifica nuestra vida, sino que repercute en todo lo que tenemos alrededor; es como una ráfaga de calor divino que irradia y se propaga, penetrando en las relaciones entre personas y entre grupos y transformando poco a poco la sociedad.
Decidámonos, pues. Hermanos a los que amar en nombre de Jesús los tenemos todos, los tenemos siempre. Permanezcamos fieles a este amor y ayudemos a muchos otros a serlo. Así conoceremos en nuestra alma lo que significa la unión con Dios. La fe se reavivará, desaparecerán las dudas y no sabremos lo que es el aburrimiento. La vida será plena, plena.
Chiara Lubich

EL AMOR

El amor es un don de Dios por el cual nos sentimos atraídos hacia alguna persona o cosa. El amor como cualquier otro don que Dios pone en nosotros hay que cultivarlo.
Un buen cristiano debe amar siempre a cada hora, cada minuto, cada segundo pero no un amor pagano o de conveniencia, sino un amor verdadero. Debe haber tanto amor en el corazón de un cristiano que si fuera necesario diera la vida por un desconocido.
Pero ¿cómo vamos a dar la vida si no somos capaces de hacer las cosas más insignificantes? Ésta es la triste verdad, somos, casi siempre, unos “parlanchines” que hablamos mucho y hacemos poco.
También hay gente que cree que el amor solo se manifiesta en una o en un grupo reducido de personas: esposa, hijos, padres y poco más, cuando a mi modo de ver, el amor tiene que ser “universal”, es decir a todos y cada uno de nuestros semejantes.
Otra importante faceta del amor es el matrimonio, para llegar a ese punto es necesario un conocimiento mutuo de los cónyuges para que no sea un fracaso.
Si nosotros amáramos el dolor, amaríamos de verdad, pues si tuviéramos dominado el dolor ¿qué nos iba a importar? Creo que si los hombres no fuéramos tan materialistas amaríamos más.
Febrero de 1975 (con 11 años)