jueves, 10 de enero de 2013

«Andad, aprended lo que significa: "Misericordia quiero y no sacrificios"» (Mt 9,13).


¿Cómo vivirás entonces esta nueva Palabra de vida?
No hagas discriminación alguna entre las personas que tengan contacto contigo, no margines a nadie; más bien ofrece a todos lo más que puedas darles, imitando a Dios Padre. Repara esas pequeñas o grandes desavenencias que disgustan al Cielo y te amargan la vida; como dice la Escritura (cf. Ef 4,26), no dejes que se ponga el sol sobre tu ira hacia nadie.
Si te comportas así, todo lo que hagas agradará a Dios y quedará para la eternidad. Cuando estés trabajando o descansando, jugando o estudiando, con tus hijos o acompañando a tu mujer o a tu marido de paseo, cuando reces o cuando te sacrifiques, o mientras realizas las prácticas religiosas acordes a tu vocación cristiana... : todo, todo, todo será materia prima para el Reino de los Cielos.
El Paraíso es una casa que construimos aquí y habitamos allá. Y la construimos con el amor.
Chiara Lubich


Antonio José le escribe así a un amigo, se aprecia susensibilidad para estar con las personas:
Cuando se acostumbra uno a lo bueno esto es el “infierno”, claro que es el infierno en la medida en que yo me meta en mí mismo y no ame, no esté dispuesto a dar la vida, me doy cuenta que los días que me levanto con disposición de dar todo, de dar gota a gota mi sangre por El, los días son más rápidos, más felices, cuando a veces me tira el egoísmo y no estoy dando lo que llevo dentro por Jesús, lo paso peor, me amargo la vida.

Ya lo hemos comprobado en varios momentos, es un aspecto importante y seguramente el primero para hacer la voluntad de Dios: ama a cada persona que pasa a su lado. Hablando de la relación con las enfermeras:

...son gente sensacional, hay tardes que nos las pasamos enteras bromeando..., otras hablamos un poco en serio, me alegra ver cómo piensan algunas, me hace pensar que sin llamarse “gen” hay gente que quiere vivir como Jesús a través de su profesión, otras no piensan igual, a estas trato de amarlas tal y como son sin esperar nada a cambio, tratando de demostrarle mi verdad con los hechos y el respeto a su forma de ver las cosas.