Gracias, Señor, por la
vida de Antonio José.
Después de leer
detenidamente el libro “Antonio José Lombardo, 15 años, una
huella”, quiero expresar lo que más me ha impactado, que sin
duda lo que más bien me ha hecho.
En primer lugar quiero
agradecer a su tía, Hna. Florentina Lombardo, misionera de Acción
Parroquial, que me ha prestado el libro, gracias a él he podido
conocer la experiencia vital de Antonio José.
Agradecer profundamente
a Dios, que nos sigue regalando vidas llenas de sentido, vidas que
estimula y entusiasman a vivir en plenitud los días que el Señor
nos regale.
Agradecer a sus padres
por haber sabido educar a sus hijos en valores, virtudes y acoger la
enfermedad de Antonio José y ayudarle a vivirla desde Dios.
A pesar de su corta
edad, me ha impresionado su madurez humana, que no es corriente
encontrarla en un joven de su edad. Sabe lo que quiere, hay una
jerarquización de los valores fundamentales, en equilibrio emocional
extraordinario.
La espiritualidad del
Movimiento de los Focolares penetró en lo mas profundo de su ser. Ya
en el hospital escribirá a Chiara: “aquí trato de vivir la
experiencia del Ideal a fondo, con los médicos, enfermeras,
auxiliares y demás personal, con mi madre…” El Ideal fue el
descubrimiento personal de un Dios que es Amor al que solo se le
puede responder amándolo y haciendo su voluntad.
Su enfermedad. Me
impresiona como la acogió, como la amó y la transformó en gracia y
bendición. Sólo es posible desde la experiencia de Jesús, su
fortaleza, en medio del dolor, “del infierno interior” es
la Eucaristía, “porque estoy seguro de que estando en los
sobrenatural todo lo demás no importa”.
Sus estancias en la Paz
fueron presencias vivas de Jesús, con sus palabras, sonrisas y
silencios transmitió vida y amor.
Si el grano de trigo no
muere no da fruto. Tu vida Antonio José, corta en años, pero rica
en plenitud, espiga llena de granos, un ejemplo para los jóvenes de
hoy.
E.
Misionera de Acción
Parroquial.