«A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser
hijos de Dios».
En este mes
en el que recordamos especialmente el nacimiento de Jesús en esta
tierra, tratemos de acogernos recíprocamente, viviendo y sirviendo
al mismo Cristo los unos en los otros.
Y entonces
una reciprocidad de amor, de conocimiento de vida como la que vincula
al Hijo con el Padre en el Espíritu, se instaurará también entre
nosotros y el Padre y sentiremos que cada vez más en nuestro labios
aflorar la invocación de Jesús: «¡Abbá,
Padre!».
Chiara
Lubich
“Solo una cosa sentía
muy fuerte ayer noche y que incluso anoté en un trozo de papel, es
que lo mismo que Dios nos ha dado la vida y así lo comprendemos
nosotros, tenemos que estar en todo momento absolutamente dispuestos
a vivirla y a perderla si es preciso solo por Él y al decir solo
quiero decir romper con todo aquello que no sea realmente voluntad
suya (ambiciones materiales) tantas veces le decimos sí a Dios pero
no completamente porque dejamos en el corazón espacio para el
dinero, el poder, el orgullo o yo qué sé que cosas …y ahora sí
que estoy dispuesto a darle el sí total y radical a Dios, creo que
ya he perdido las ilusiones materiales, ahora solo quiero a Jesús y
a las cosas o personas que sean reflejo suyo. Tú quizás ya se lo
diste hace tiempo pero quiero que lo demos ahora otra vez juntos.”