“Todo aquel que se declare a favor mío delante de los demás, yo también me declararé a favor suyo delante de mi Padre que está en los cielos. Y, al contrario, si alguien me niega delante de los demás, yo también lo negaré a él delante de mi Padre que está en los cielos”.
¿Cómo sacar provecho de esta advertencia hecha por Jesús? ¿Cómo vivir esta Palabra suya?
Él mismo dice: “Todo aquel que se declare…”.
Decidámonos, entonces, a reconocerlo ante los hombres con sencillez y franqueza.
Venzamos el respeto humano. Salgamos de la mediocridad y del compromiso que quitan autenticidad a nuestra vida también como cristianos.
Recordemos que estamos llamados a dar testimonio de Cristo: Él quiere llegar a todos los hombres con su mensaje de paz, de justicia, de amor, a través de nosotros.
Demos testimonio de Él allí donde nos encontremos por motivos de familia, de trabajo, de amistad, de estudio, o por distintas circunstancias de la vida.
Demos este testimonio antes que nada con nuestro comportamiento, con la honestidad de nuestra vida, con la pureza de costumbres, con el desapego del dinero, participando en las alegrías y en los sufrimientos de los demás...
Dos palabras de Antonio José donde podemos apreciar como viviía por los demás, allí donde se encontraba, en el hospital, encuentra la felicidad en la donación de sí mismo a los demás:
Cuando se acostumbra uno a lo bueno esto es el “infierno”, claro que es el infierno en la medida en que yo me meta en mí mismo y no ame, no esté dispuesto a dar la vida, me doy cuenta que los días que me levanto con disposición de dar todo, de dar gota a gota mi sangre por El, los días son más rápidos, más felices, cuando a veces me tira el egoísmo y no estoy dando lo que llevo dentro por Jesús, lo paso peor, me amargo la vida.
Ya lo hemos comprobado en varios momentos, es un aspecto importante y seguramente el primero para hacer la voluntad de Dios: ama a cada persona que pasa a su lado. Hablando de la relación con las enfermeras:
Son gente sensacional, hay tardes que nos las pasamos enteras bromeando..., otras hablamos un poco en serio, me alegra ver cómo piensan algunas, me hace pensar que sin llamarse “gen” hay gente que quiere vivir como Jesús a través de su profesión, otras no piensan igual, a estas trato de amarlas tal y como son sin esperar nada a cambio, tratando de demostrarle mi verdad con los hechos y el respeto a su forma de ver las cosas.
Creo que es la actitud que debemos tomar ante cada persona que pasa a nuestro lado.
¿Cómo sacar provecho de esta advertencia hecha por Jesús? ¿Cómo vivir esta Palabra suya?
Él mismo dice: “Todo aquel que se declare…”.
Decidámonos, entonces, a reconocerlo ante los hombres con sencillez y franqueza.
Venzamos el respeto humano. Salgamos de la mediocridad y del compromiso que quitan autenticidad a nuestra vida también como cristianos.
Recordemos que estamos llamados a dar testimonio de Cristo: Él quiere llegar a todos los hombres con su mensaje de paz, de justicia, de amor, a través de nosotros.
Demos testimonio de Él allí donde nos encontremos por motivos de familia, de trabajo, de amistad, de estudio, o por distintas circunstancias de la vida.
Demos este testimonio antes que nada con nuestro comportamiento, con la honestidad de nuestra vida, con la pureza de costumbres, con el desapego del dinero, participando en las alegrías y en los sufrimientos de los demás...
Dos palabras de Antonio José donde podemos apreciar como viviía por los demás, allí donde se encontraba, en el hospital, encuentra la felicidad en la donación de sí mismo a los demás:
Cuando se acostumbra uno a lo bueno esto es el “infierno”, claro que es el infierno en la medida en que yo me meta en mí mismo y no ame, no esté dispuesto a dar la vida, me doy cuenta que los días que me levanto con disposición de dar todo, de dar gota a gota mi sangre por El, los días son más rápidos, más felices, cuando a veces me tira el egoísmo y no estoy dando lo que llevo dentro por Jesús, lo paso peor, me amargo la vida.
Ya lo hemos comprobado en varios momentos, es un aspecto importante y seguramente el primero para hacer la voluntad de Dios: ama a cada persona que pasa a su lado. Hablando de la relación con las enfermeras:
Son gente sensacional, hay tardes que nos las pasamos enteras bromeando..., otras hablamos un poco en serio, me alegra ver cómo piensan algunas, me hace pensar que sin llamarse “gen” hay gente que quiere vivir como Jesús a través de su profesión, otras no piensan igual, a estas trato de amarlas tal y como son sin esperar nada a cambio, tratando de demostrarle mi verdad con los hechos y el respeto a su forma de ver las cosas.
Creo que es la actitud que debemos tomar ante cada persona que pasa a nuestro lado.