lunes, 9 de abril de 2012

“Vosotros ya estáis limpios, gracias al mensaje que os he comunicado”. (Jn. 15, 3)

Hola a todos. Aquí estamos un mes más, para proponernos una palabra para vivir juntos durante el mes, junto a Antonio José.
Y dice así: “Vosotros ya estáis limpios, gracias al mensaje que os he comunicado”. (Jn. 15, 3)
Según Jesús, hay un medio para ser puro y es su Palabra. Esa Palabra que los discípulos oyeron y acogieron los purificó. En efecto, la Palabra de Jesús no es como las palabras humanas. Cristo está presente en ella como lo está, de distinto modo, en la Eucaristía. Por ella Cristo penetra en nosotros. Al aceptarla y ponerla en práctica, Cristo nace y crece en nuestro corazón.
[…] Según Él, es en el amor recíproco donde se vive la Palabra con sus efectos de purificación, de santidad, de ausencia de pecado, de frutos, de cercanía a Dios. El individuo aislado es incapaz de resistir mucho tiempo a las incitaciones del mundo, mientras que en el amor recíproco encuentra el ambiente sano capaz de proteger su existencia cristiana auténtica.
¿Cómo creéis vosotros que Antonio José vivía esta Palabra? Dejamos que Carlos Clariá, un buen amigo suyo nos lo cuente:
“Las experiencias que contaba en los encuentros con los otros (…) eran las de un chico de su edad, de un puro de corazón: prestar un lápiz al amigo que lo necesitaba; en los partidos de fútbol, estar atento a no pegarle al contrario, recordando que Jesús dijo: “Cualquier cosa que le habéis hecho al más pequeño, me lo habéis hecho a mí”; superar su “hombre viejo”, egoísta, cuando en casa tenía que hacer algo que no le gustaba… Pero al mismo tiempo, cuando estábamos con Antonio José, nos dábamos cuenta que vivir esta experiencia de la enfermedad lo hacía cada vez más sabio. De vez en cuando daba respuestas que hacían pensar. Muchas veces, escuchándolo, me preguntaba: “¿Cómo es posible que tenga esta sabiduría?”