Con esta entrada comenzamos juntos una nueva etapa en el blog. Hasta ahora hemos publicado abundante material. Ya conocéis muchos, en profundidad, la experiencia que hicieron Antonio José y sus amigos en los años 70. Cómo se lanzaron a vivir las palabras del Evangelio, y cómo se comunicaban aquellos pequeños episodios en los que la palabra de convertía en vida.
Ahora os proponemos (decidnos qué os parece) traer esa experiencia al presente. Proponeros cada mes una frase del Evangelio, la que viviría Antonio José este mes (la que viven este mes en todo el mundo todos los que comparten su estilo de vida). Vamos a dejar que nuestro Antonio nos diga, a través de sus escritos, de sus cartas, una palabra… nos ponemos a vivirla… ¡y nos contamos qué tal está yendo en el blog!!!
Este mes comenzamos con esta frase:
“Señor, ¿a quién iríamos? Sólo tus palabras dan vida eterna”. (Jn. 6, 68)
La Palabra de este mes nos recuerda que el único Maestro al que queremos seguir es Jesús, aun cuando sus palabras puedan parecer duras o demasiado exigentes: ser honestos en el trabajo, perdonar, ponerse al servicio del otro en lugar de pensar egoístamente en uno mismo, permanecer fieles en la vida familiar, asistir a un enfermo terminal sin ceder a la idea de la eutanasia...
Hay muchos maestros que nos incitan a soluciones fáciles, a componendas. Queremos escuchar al único maestro y seguirlo porque sólo Él dice la verdad y sus palabras «dan vida eterna». Así podremos repetir nosotros también las palabras de Pedro.
En este tiempo de Cuaresma en que nos preparamos a la gran fiesta de la Resurrección, debemos seguir de verdad la enseñanza del único Maestro y hacernos discípulos suyos. También en nosotros debe nacer un amor apasionado por la palabra de Dios: acojámosla atentamente cuando se proclame en las iglesias, leámosla, estudiémosla, meditémosla...
Pero sobre todo estamos llamados a vivirla tal como enseña la Escritura misma: «que pongáis en práctica esa palabra y no simplemente que la oigáis, engañándoos a vosotros mismos»[9]. Por eso cada mes nos fijamos en una en particular y dejamos que penetre en nosotros, que nos moldee, que «nos viva». Al vivir una palabra de Jesús vivimos todo el Evangelio, porque en cada palabra suya Él se da completamente, viene Él mismo a vivir en nosotros. Es como una gota de sabiduría divina del Resucitado que lentamente penetra y sustituye nuestro modo de pensar, de querer y de obrar en todas las circunstancias de la vida.
Chiara Lubich
Para Antonio José, fue un descubrimiento vivir el Evangelio y comprobar que las suyas son ‘palabras de vida eterna’. Y este descubrimiento tuvo lugar cuando conoció a los ‘GEN’. Veamos cómo se desarrolla la historia…
“Ya me parece que Antonio José empieza a ser alguien a quien vamos conociendo, y que su manera de ser empieza a sernos familiar. Una vez conocido el estilo de vida cristiano de Chiara Lubich y los Focolares, para él la cosa no tenía más salida que la de lanzarse de lleno a la nueva aventura espiritual.
El movimiento juvenil de los Focolares había tomado el nombre de GEN, que significa Generación Nueva. Nueva, por la novedad que supone la vida del carisma recibido del Espíritu Santo.
Así comenzó este Movimiento, que pretendió dar respuesta a la inquietud de los jóvenes que luchaban por la revolución, proponiendo una revolución propia; jóvenes que cambiarían la sociedad desde el Evangelio, que sentían esta experiencia espiritual como toda una revolución.
En aquel año (1973), para ser fieles a la revolución que se les propone, Chiara pone en sus manos un libro: el Evangelio. Así, en Marzo del 74, con 10 años, Antonio no tiene el menor reparo en presentarse, por carta, a Chiara Lubich.”
«Bueno, nos dijiste en tu carta que nos mandarías el Evangelio, o sea, tu alma (…). Que no te olvides de ese Evangelio pues la llave del Cielo es el amor, y creo que la llave, a su vez del amor, es sin duda, vivir el Evangelio.»