Y éste es el final de la carta de Carlos Clariá:
Chiara nos ha recordado y transmitido la alegría y los deseos de cuando era pequeña: “Amar a Dios y hacerlo amar”, tener mil corazones para hacerlo amar. “El Señor, decía, nos ha dado ahora mucho más”. No sólo, sino que “ha construido una obra mediante la cual podemos, trabajando en cualquier parte de ella, hacer que las personas vayan adelante y continúen viviendo inmersas en el amor de Dios”.
La impresión de Chiara en estos días es que esta Obra es “como una máquina divina construida por Dios, trabajando en la cual hay la posibilidad de llevar adelante un mundo que ama”. Se refería a que de hecho ya muchísimas cosas están programadas todos los años. Todos los años tenemos los encuentros en el Centro Maríapolis. Todos los años tenemos las mariapolis. Todos los años sale nuestra revista…etc., etc. Por lo que esta programación hecha por Dios es verdaderamente “una bendición”, decía, porque, se quiera o no “la Obra está ya en marcha”. A nosotros nos toca trabajar en nuestro pequeño ángulo “para que esta divina máquina no sufra ninguna avería, sino que produzca solamente amor”.
Unidísimos. Carlos.