lunes, 10 de octubre de 2011

"...también un solo cuerpo por esta realidad de la Eucaristía que mezcla nuestras carnes con las de Cristo..."

Ahora te traigo una carta muy importante para mi, bueno, ahora solo la primera parte, es muy larga. Me la escribe desde Madrid, Carlos clariá el 30 de junio de 1977. Ese año tratábamos de ir en profundidad con la Eucaristía, un punto muy importante de nuestra espiritualidad, creo que cartas como etas, tan fundamentales, son las que me ayudaron de verdad a ir adelante a pesar de las dificultades, es esta:

Querido Antonio José: (leer a los gen de unidades)

La Maríapolis se aproxima. Ya que no será posible vernos todos juntos antes de la misma, nos parecía fundamental ponernos de acuerdo sobre algunas cosas por lo menos a través de una carta.
Hace unos días nos hemos reunido en el Consejo unido de la zona para ver algunas cosas con respecto a la Maríapolis.
Sabrás que el tema de este año es sobre Jesús Eucaristía y el lema será: “Muchos, un solo cuerpo”.
Sin duda ya conoces los temas sobre la Eucaristía. Compartirás pues nuestra impresión de que es una realidad nada fácil para dar a una masa de gente. Se corre el riesgo de que se la entienda como una piedad eucarística que tiene poco que ver con lo que ha significado para todos nosotros la comprensión de estos temas. Es más, sabemos lo que nos ha costado también a nosotros comprender la novedad que Chiara nos daba y que está resumida en la famosa “paginita” y en el tercer tema.
Pero la unidad no se improvisa y tampoco los frutos que Jesús Eucaristía puede obrar en nosotros individualmente y como cuerpo.
El motivo de esta carta es sobre todo esto: recordarnos juntos algunos puntos fundamentales de los temas para poder meditarlos, ponerlos en práctica y llegar de ese modo a la Maríapolis un poco más preparados, más “divinizados” personalmente y más “hechos un solo cuerpo” entre todos.
Realmente consuela saber que a pesar de que estamos en Madrid, en Sevilla, Vigo, en San Sebastián, en Murcia, en Barcelona, en Las Palmas, etc., podemos ser todos no sólo una alma por Jesús en medio que establecemos “a la distancia”, sino también un solo cuerpo por esta realidad de la Eucaristía que mezcla nuestras carnes con las de Cristo y nuestra sangre con la de Cristo. Y haciéndonos concorpóreos con Él, nos hace serlo también entre nosotros.
Esta realidad que obra la Eucaristía – como Chiara nos decía – que es el “hacernos Dios”, la incorporación en Cristo, la divinización personal, el ser uno entre nosotros, el hacernos Iglesia que el Uno que la Eucaristía produce, se verifican según sea nuestras actitud al recibirla. Es decir, si la recibimos teniendo presente las condiciones necesarias para ello.
Las condiciones fundamentales que nos dicen los Padres de la Iglesia son: “creer en la doctrina de Cristo; estar bautizados; particularmente creer lo que es la Eucaristía, vivir según las enseñanzas de Jesús, arrepentirse y confesar los propios pecados para acercarse a la Eucaristía con el corazón puro, reconciliarse con los hermanos con los cuales se tuviese algo en contra, estar en unidad con la Iglesia, con el Obispo, tener el deseo de esa unión con Cristo y con los hermanos que la Eucaristía realiza”.
Por ahora basta, la próxima semana seguimos.