Hemos querido publicar la impresión de una monja, está enferma, y nos cuenta su relación con
Antonio José. Florentina es la tia de Antonio José, aparece en la foto participando de la Mesa redonda del 2007.
Antonio José. Florentina es la tia de Antonio José, aparece en la foto participando de la Mesa redonda del 2007.
Florentina: te agradezco que hayas tenido el detalle de proporcionarme tan rápido el librito de Antonio Jose. Tuve suerte.
Cuando se ha conocido a las personas te interesan mucho más todos los detalles de sus vidas. Estate segura que a mi en las circunstancias que me encuentro me está haciendo mucho bien.
Aunque se procura encajar la enfermedad, es duro, pero cuando ves a un niño, dar este testimonio, nos dejan a muchas personas que nos creemos un poco maduras…a la altura del betún.
Este chiquillo, ayuda a comenzar cada día con el ánimo puesto en Dios, con alegría, aceptando lo que pueda venir, además de lo que tienes.
Lo leo y lo releo y me hace bien. Te lo aseguro.
Le recuerdo en las estación de Granada (fue la última vez que le vi). Al despedirnos y darle un beso, me impresionó el sudor frio que encontré en su cara y tuve la imprudencia de decirle que estaba congelado (1). Me pesó, porque no dijo nada y le vi como apretaba los labios. Pero allí continuó hasta que el tren partió. Al mes había muerto.
(1). Ese día era el 11 de septiembre de 1978.
Cuando se ha conocido a las personas te interesan mucho más todos los detalles de sus vidas. Estate segura que a mi en las circunstancias que me encuentro me está haciendo mucho bien.
Aunque se procura encajar la enfermedad, es duro, pero cuando ves a un niño, dar este testimonio, nos dejan a muchas personas que nos creemos un poco maduras…a la altura del betún.
Este chiquillo, ayuda a comenzar cada día con el ánimo puesto en Dios, con alegría, aceptando lo que pueda venir, además de lo que tienes.
Lo leo y lo releo y me hace bien. Te lo aseguro.
Le recuerdo en las estación de Granada (fue la última vez que le vi). Al despedirnos y darle un beso, me impresionó el sudor frio que encontré en su cara y tuve la imprudencia de decirle que estaba congelado (1). Me pesó, porque no dijo nada y le vi como apretaba los labios. Pero allí continuó hasta que el tren partió. Al mes había muerto.
(1). Ese día era el 11 de septiembre de 1978.