domingo, 19 de julio de 2009

"Antonio José, fuiste, eres, sigues siendo, una obra maestra. Ünica, irrepetible."

En la foto, Carlos Clariá en un congreso de Chicos, en 1978, el mismo año de la partida de Antonio José.

Concluimos aquí el capítulo completo que escribió Carlos Clariá para el libro sobre Antonio José, en el que no está completo por razones de espacio.


Existen muchas obras de arte bellas: pinturas, esculturas, sinfonías… A veces, muy bellas. Pero, curiosamente, sólo de pocas se dice que son “una obra maestra”.
¿Por qué será así? Habría que preguntarlo a los entendidos. Y yo no soy uno de ellos.
Pero quizás hay algo que todos podemos intuir.
Una obra maestra expresa algo irrepetible: es sencilla, armoniosa, completa, universal.
Cuando está al lado de otra obra maestra no pierde nada de su belleza propia ni ensombrece la de la otra. Al contrario. No quiero decir que se “completen” entre ellas, porque ya cada una es una obra maestra si es completa en sí misma. Quizás sería mejor decir que se enriquecen recíprocamente.
Sucede como cuando las estrellas cuando constituyen una constelación. Juntas dan aún más luz. Constituyen una realidad nueva y son muchas, pero son una única realidad. No sólo dan más luz sino que, además, expresan una belleza mayor mientras cada una goza de la belleza de la otra.
A este punto de nuestros recuerdos y reflexiones, ¿podemos decirlo?
Creo que sí. Dejádnoslo afirmar, con alegría y convicción: Antonio José, fuiste, eres, sigues siendo, una obra maestra. Única, irrepetible.
Una estrella en esa nueva constelación de una generación de santos. Una estrella que brilla con luz propia, reconocible claramente aunque esté al lado de otros millones de estrellas. Antoñito, ahora sigue “trabajando”. Como siempre lo deseaste, como es tu intenso deseo. Nosotros, desde aquí, sintiéndote muy cerca, reconocemos tu luz y tu belleza irrepetibles que se nos presentan como un don inmenso que nos sigues ofreciendo desde la eternidad.