lunes, 29 de junio de 2009

… los momentos de dolor me han hecho madurar mucho, dudar para fortalecer después mi fe, comportarme de modo egoísta para amar después con más ímpetu…


En la foto, Antonio José en Torrenueva...

Sigue la conversación de Carlos Clariá sobre los momentos de prueba de Antonio José, momentos que supo superar volviendo a empezar siempre a amar, después de cada caida:





"Si hubieran leído sus consideraciones en momentos de fuerte dolor, cuando la “prueba” se hacía cada vez más intensa y confiaba “que todo esto puede producir un santo o hacer ateo al más creyente… A mí me ha hecho estar en los extremos: por momentos he dudado seriamente, he querido hacer locuras… En otros, creo que sinceramente he amado a Jesús abandonado con todas mis fuerzas… los momentos de dolor me han hecho madurar mucho, dudar para fortalecer después mi fe, comportarme de modo egoísta para amar después con más ímpetu…”.
Creo que como pocas veces Antonio expresaba el fruto de su amor a Jesús en el momento terrible de la crucifixión, cuando se siente incluso abandonado por su Padre: “ ¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”. También Él en ese momento “no ve”. Todo es oscuro. Pero no se queda allí, paralizado por la oscuridad infinita. Superando el dolor, continúa a amar. Amar a quienes le están matando: “perdónales, porque no saben lo que hacen”; amar a su Padre que parece haberse “escondido”, abandonándose con confianza en Él: “en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Sí, mis amigos sin una fe religiosa se hubieran reconocido en Antonio José. En una experiencia que puede ser oscura pero que no por eso deja de transformarse en la voluntad concreta de amar. Porque hubieran reconocido esa agua cristalina en el momento que surge de la fuente, en el que la misma fe se expresa sólo en el amor puro.
Aún hoy no puedo dejar de preguntarme: ¿cómo es posible que en Antonio ya hubiera madurado una dimensión tan profunda? Recuerdo que después de haber pasado ese momento con él, regresando a casa, me fue espontáneo comentar que “de todas las personas que participan en la vida del Movimiento en España, nadie ha experimentado lo que está viviendo Antonio. Me parece que entre todas él es la persona más madura.”. Y ya en esa época significaba referirse a una “familia” formada por varios millares de personas, distribuidas en toda la geografía del país, no sólo jóvenes sino también familias, obreros y empresarios, médicos y periodistas, seglares, religiosos y religiosas, sacerdotes y hasta algún obispo…"