Seguimos con el artículo de Carlos Clariá, recientemente desaparecido, donde nos cuenta su relación con Antonio José:
"A Antonio José le conocí cuando era un adolescente. Le recuerdo por su inmediata simpatía y generosidad. Le vi crecer humanamente y espiritualmente, velozmente, de manera asombrosa. En realidad, seguía siendo un adolescente. Pero no nos dábamos cuenta. Con él, a pesar de la diferencia de edad, experimenté siempre una relación “de igual a igual”. Podía compartir todo, incluso las responsabilidades, y ponerle al corriente de todo lo que tratábamos de vivir con muchas otras personas en España. No sólo lo que se refería a los jóvenes o adolescentes sino también a la vida y a los problemas de los adultos, de las familias, de seglares y sacerdotes. Se sentía que para Antonio José todo era “suyo”, vivía las experiencias de los demás como propias. Porque eran de su “gran familia”, con la quería compartir la vida del Evangelio. ¡Vivir el Evangelio: ésta era su gran pasión!
En los últimos meses, Antonio aceleró su carrera. De repente advertí que nuestra relación no era ya “de igual a igual”, sino entre hermanos - ¡eso sí!- pero en una relación en la que él estaba mucho más adelante, era el más grande entre todos nosotros. La experiencia profunda que vivía, la fidelidad al amor de Dios aún durante la prueba, su continua donación y capacidad de transformar el dolor en amor le hacían aparecer, ante mis ojos, como un verdadero “gigante”. ¡Hoy osaría usar incluso una palabra más fuerte!"