lunes, 13 de abril de 2009

Sabía, con un amor súper fino, evidenciar lo positivo de los que estaban a su alredeor.

En la página anterior otra carta de un contenporáneo de Antonio José.



Querido, ...,
solo ahora consigo escribirte para confirmarte que me llegó el libro de
Antonio José (hace solo dos días) que ya he empezado a leer. Y la verdad
es que me está gustando mucho. Estoy entrando despacio, "de puntillas"
como está escrito en el libro aunque la verdad es que te vienen ganas de
leerlo de un tirón.

Y mi primera impresión es que los autores del libro han tenido la
capacidad de saberse "retirar" para dejarle paso a él, de manera que sea
el mismo Antonio José el que se presente a quien lo lee descubriendo su
vida que era de una sencillez y una normalidad enormes pero al mismo
tiempo y paradójicamente de una grandeza y madurez impresionantes.

Conocí a Antonio José y aunque mayor que él, mi vida Gen era la de aquella época, en
España y en Andalucía, llena de descubrimientos, de proyectos y de
idealidad con relaciones muy profundas entre todos los Gen de aquella
época, jóvenes y menos jóvenes . Me acuerdo de una vez que hicimos un
encuentro regional - no en Sevilla, tal vez en Córdoba, me parece que
estabas también tú - y para uno de los días era previsto en el programa
el contar algunas experiencias sobre Jesús abandonado. Y los "elegidos"
para ese momento fuimos él, J.A.O. y yo que al lado de Antonio
José me sentía insignificante. No me acuerdo de lo que conté yo ni de lo
que contó él pero sin duda alguna profundo y "normal" como era él. Solo
recuerdo que nada mas terminar ese momento vino hacia a mi para darme las
gracias. Antonio José vivía para los demás y era de una delicadeza
increíble. Sabía con un amor súper fino evidenciar lo positivo de los que
estaban a su alrededor.

Por eso me alegro muchísimo de que el Obispo os haya dicho que se puede
comenzar el proceso diocesano de beatificación porque Antonio José ha sido
y es "un modelo".

En este momento de mi vida me parece un gracia especial la presencia de Antonio José a mi lado y el poderlo descubrir aún mas amigo y siempre más grande en su autenticidad y en su tomarse en serio el hacerse santo con los demás. Le estoy pidiendo que me eche una mano y cuento con su ayuda.

Un fuerte abrazo,
Augusto