En la fotografía un momento de la Misa, el momento de la Paz.
José Miguel le cuenta del congreso tenido en El Escorial concluyendo con una experiencia, él dolor lo ve como amor...
Madrid, 18 de abril de 1976
(Dirigida a la Clínica Infantil La Paz).
Querido Antonio José:
No se si me conocerás, soy un Gen-3 de Madrid y me llamo José Miguel, tal vez nos hayamos conocido en algún congreso o Mariapolis, pero solo de vista.
Lamento, igual que tú, supongo, el que no hayas podido asistir al Congreso celebrado en El Escorial, pues fue francamente genial. Para mi constituyó una experiencia muy fuerte, pues contamos con la presencia de Luigino y Carlos Clariá que, por lo menos a mi, a través de sus charlas y experiencias, me han ayudado a vivir más profundamente el Ideal. Además de estos coloquios, vimos diapositivas, hicimos juegos, contamos experiencias, cantamos, etc. Pero todo esto se desarrollo en un ambiente de profunda unidad, para mi en los tres días que duró el Congreso hubo muy pocos momentos en los que no tuviéramos a Jesús en medio, fue muy bonito, pues todos tratábamos de hacer experiencias por doquier, de ayudarnos unos a otros, de amarnos. Pero este amor se hizo más fuerte cuando Luigino nos comunicó una frase de Chiara que decía: “que cada latido de tu corazón sirva para amar al prójimo”. Al final grabamos una cinta a Chiara, contándole las cosas que habíamos hecho en las distintas ciudades, también fabricamos una “bomba” de amor para Chiara, que consistía en un corazón por cada Gen-3 del congreso, firmamos cada uno el nuestro, lo pegamos en una cartulina y le encargamos a Luigino que se lo llevase.
Aunque seguramente lo habrán hecho ya otros Gen-3, yo te cuento todo esto para darte una idea de lo que ha sido el este Congreso.
Seguidamente voy a contarte una experiencia que me ocurrió hace poco tiempo: “acabo de volver de un pueblo, en el que he pasado dos días de la Semana Santa. Pues uno de esos dos días, salí a comer al campo con unos amigos y mis padres, fuimos por un sendero tortuoso en la montaña, hasta que llegamos a un bosque a orillas de un río donde nos instalamos, comimos, jugamos, etc. En la ladera de la montaña había una fuente de la que bebíamos cuando teníamos sed. Al atardecer recogimos las cosas y nos fuimos. Cuando llevábamos un buen trecho de camino, mi padre se acordó de que no teníamos agua, y la necesitábamos para el viaje, por si teníamos sed y además le hacía falta al coche. Mi padre me dijo que fuera a la fuente a por ella, yo estaba muy cansado y no tenía ganas de ir, pero pensé que aunque me costara un poco, iba a hacer un acto de amor y un favor a todos y accedí. Fui corriendo para no perder tiempo, cuando llegué estaba sudando y tenía sed, por esto estuve bebiendo un buen rato, luego llené la botella y salí corriendo otra vez, hasta que llegué de nuevo al coche, donde estaban mis padres. Después sucedieron cosas que no te cuento, pues sería muy largo.
Pero lo cierto es que aquella noche me encontraba con una descomposición y un fuerte dolor de tripa, al parecer fue por la excesiva agua que ingerí en la fuente. Pero pese a todo esto, yo me sentía contento, pues pensaba que esta pequeña enfermedad era fruto de un acto de amor que había realizado”.
Bueno, yo creo que no tengo nada más que contarte y, eso sí, espero que puedas restablecerte pronto de esa pequeña enfermedad que te aquejó y que podamos vernos en la Mariapolis.
Sin nada más se despide de ti afectuosamente. José Miguel