lunes, 26 de mayo de 2008

Impresión de un P. Jesuita sobre la vida de Antonio José


De Antonio José Lombardo Enríquez, poco puedo hablar. Nunca pude hablar con él, no le conocía. He sabido de él, a través de una gran amiga, hermana Florentina Lombardo, misionera de Acción Parroquial.
Sus palabras me abren la curiosidad de conocer a este muchacho, en la flor de la vida que en tres años recorrió el camino de perfección, a través del desarrollo de una enfermedad que logró en tan poco tiempo, alcanzara una vida espiritual y un encuentro personal con Jesús, que nos llama poderosamente la atención.
Hay algo que me ha impresionado: cómo entendió la Voluntad de Dios y cómo, a su edad, la vivió.
De manera sencilla, explica lo que para él, es la Voluntad de Dios: “La vida no es sólo una sucesión de hechos, que van pasando rápidamente; ahora si yo vivo a fondo cada instante y le mando cada acto de amor a Jesús, esos momentos no se pierden, sino que se van acumulando allá arriba, en el cielo y perduran por encima del tiempo”.
En los momentos malos, él escribe: “Sabemos que su voluntad está por encima de nuestros gustos, de nuestras preferencias y que tenemos que aceptarla y vivir intensamente cada momento, muchos “paquetitos” a Jesús”.
Habiendo interiorizado, dentro de su enfermedad, este sentido de la Voluntad de Dios – que parece impropio de un jóven de 13 o 14 años – leer los párrafos anteriores, nos producen una sensación de madurez espiritual, de un hombre con gran simpatía y humor, que no queda más remedio que pensar en el trabajo estupendo que Dios hizo en el corazón de Antonio José.
La enfermedad, su sentido de llevarla, sus malos momentos, su ejemplo a los médicos y enfermeras, hicieron que Antonio José, haya llegado a la casa del Padre, dejándonos su rastro de santidad, que debemos imitar.


Emilio Mayayo. (Jesuita)