Y decidí el 18 de septiembre meter a Antonio José en la oración. Claro, lo siento ahora tan cercano, tan amigo, tan querido, tan alegre. Si tengo que asignarle una sola palabra, ésta es: Alegría. Es el camarada con el que tomé mi primera cerveza, y que ahora quiere tomarse otra conmigo, haciéndose presente, a estas alturas de la vida. Ha pasado tanto tiempo, pero parece tan poco ahora...
Ayer lloré, claro, como todos, pero de alegría. No había nada, pero nada, de nostalgia, era un profundísimo agradecimiento.
No hace falta que te diga que me gustaron mucho todas las intervenciones; todo lo que oí, hasta donde yo sé y recuerdo, es verdadero;
En el tren de vuelta a Madrid, anoche, he pensado en la espiritualidad de la unidad que vivís. Y la he entendido un poco mejor.
Mi mujer ya sabe de Antonio; y mis suegros; mi niña tiene diez meses, así que es un poco pronto.
Voy a leer muy despacio lo que me mandas; seguiré escarbando el cerebro...