lunes, 24 de marzo de 2008


•Mario nos va a leer alguno de los mensajes que han llegado, con motivo del día de hoy.
EL VOLUMEN DE LA AUSENCIA: ANTONIO JOSE

Cuando han pasado casi treinta años de la perdida de una persona, que sin duda, fue importante en tu vida, te das cuenta que su ausencia ha ido aumentando y nada ni nadie ha podido ocupar ese lugar y su volumen ha ido creciendo. Nuestra existencia se ve repleta de seres humanos con los que vamos construyendo nuestra realidad, la familia te viene impuesta, pero las personas con las que somos cómplices de esa realidad las elegimos y nos eligen y eso ocurrió con Antonio José, cuando nos vimos aquella tarde en el Colegio de los Maristas, en un encuentro con los GEN, era un niño, pero con las ideas muy claras para su edad, su conversación no respondía a la propia de un crío, hablar de temas como la vida o la muerte con el era una gozada, en especial desde que fue consciente de su enfermedad, abordaba el tema con toda naturalidad y me atrevería a decir que con cierta guasa, me viene a la memoria cuando empezó a perder el pelo, y se coloco una gorra que incluso como el decía, me hace mas mayor, aspiración que tenemos todos cuando estamos en la adolescencia.
Cuando alguien muere todos nos lanzamos a hablar bien de el, pero en este caso no es un tópico, es verdad, Antonio José transmitía una fuerza distinta, que no pasaba desapercibida para nadie, y lo mas fácil no es preguntar a los amigos, sino a la gente que conoció, por ejemplo su doctora, veíamos todos que, por su fe y fuerza interior , nos hacia plantearnos como era posible que un adolescente fuera capaz de abordar su situación con aquella fuerza y entereza, te preguntaba por todo y de todo, no eludía ni un tema, por difícil que fuera, siempre lucho hasta el final en la esperanza de curarse, sus malos momentos los reservaba para el y solo, y pocos elegidos los compartimos, su ejemplo de coherencia y constancia me ha servido en muchas de ocasiones en mi vida para preguntarme que haría el en esa situación. Es un privilegio haberle conocido y estar en ese circulo que te permitía compartir sus vivencias, sus experiencias, su dura y cruel enfermedad, cada vuelta de Madrid era una fiesta en su casa y con sus padres y hermanos, sin su padres como el me dijo en alguna ocasión no habría podido luchar tanto, sus padres, era y son especiales seres de esa pasta que ya no abundan, fueron junto con su fe la pieza clave para todo, su casa siempre estuvo abierta para cada uno de nosotros, era el punto de encuentro de aquellos años.
Han pasado los años y Antonio José nos solo esta en el corazón de nosotros, sino que es, al menos para mi, el referente que me hace a veces resurgir de mis cenizas como el Ave Fénix, el volumen de su ausencia es cada vez mas grande porque cuando has tenido, el privilegio de conocer a una persona que era por su calidez , integridad y honestidad duro como una roca y transparente como el cristal solo te queda eso su vida, su ejemplo, que no debemos de dejar en el olvido.


Jorge J. Montes Salguero
Amigo de Antonio Jose