martes, 11 de marzo de 2008

Testimonio de Meli, amiga en aquellos momentos


Conocí a Antonio José en un momento especial: hacía un año y unos meses, que mi madre había fallecido de repente. Yo había tenido la suerte de conocer el movimiento gen, descubrí Dios Amor y me sentía una persona muy querida por Dios. Él vivía una situación fuerte por la enfermedad, entonces surgió una relación muy pura que él decía que era “de Jesús a Jesús” porque lo único que nos importaba era poner a Dios en primer lugar y decía que si no era así no merecía la pena. Esta relación fue un regalo de Dios pero no era algo aislado sino que todas las gen3 rezábamos por él, nos metíamos apretujadas en una cabina de teléfonos y le llamamos a la Paz y también todas las demás personas pero ahora os cuento la relación que tenía con él en particular. Esta unidad nos ayudaba a ir adelante en la Tensión a la santidad (Chiara siempre decía a los gen 3 que teníamos que ser una generación de santos). El hablaba siempre de tender a la santidad y lo decía en plural, nunca se lo he oído decir en primera persona, quería que todos fuéramos juntos adelante y tenía una exigencia muy grande de amar más a aquellas personas con las que le costaba, de forma que con ellas también hubiera esa presencia de J. M. Era una persona que se donaba tanto a los demás que cuando nos veíamos aunque fuera un momento se establecía una presencia de Jesús entre nosotros tan grande que éramos las personas más felices del mundo, no existían nuestros dramas. Todavía recuerdo la felicidad con la que yo llegaba a casa y recuerdo a mi hermana preguntarme por qué estaba tan contenta; me lanzaba a amar a cada uno feliz , recomenzaba continuamente cuando había hecho las cosas mal, sentía que tenía que hacer como él que no pensaba en sí mismo, que superaba todas las dificultades con alegría, rezaba por él para que esta presencia de Jesús no disminuyera sino que fuera cada vez mayor. Claro que quien realmente hacía todo era Antonio, y encima a mí me hacía sentir alguien que le ayudaba. El me decía que teníamos una relación distinta a la relación normal que tienen dos chicos porque era sobrenatural. Esto se reflejaba en muchos detalles, por ej. cuando a veces me acompañaba a casa después de Misa nos contábamos todo el rato experiencias, y más experiencias, hacíamos carreras de experiencias en amar a cada prójimo y como yo tenía que llegar a una hora a casa aunque nos costaba dejar nuestras charlas, Antonio era el primero en estar pendiente de que no me retrasara para hacer bien la V. de D. y no caer en una relación humana. (Ese año los gen 3 profundizábamos el tema de la V. de D. y él estaba decidido a vivirlo a la perfección).
O por ejemplo, no sabíamos cuándo era el cumpleaños de uno o el santo del otro, pero sí nos contábamos las cosas que Jesús hacía en el alma de cada uno. Era una unidad fortísima que no disminuía con la distancia como cuando estaba ingresado, él decía que las relaciones verdaderas son como los árboles que hay que podarlos para que sean mejores, para que den mejor fruto y nuestra unidad había que podarla con la separación para que se hiciera más fuerte y más auténticamente en Jesús.
Os cuento una anécdota que refleja cómo acogía la V. de D. Ese curso acabábamos 8º de EGB y empezábamos en el Instituto. Nos correspondía el mismo a los dos pero no era fácil entrar y la ilusión más grande era entrar para llevar adelante esta revolución del evangelio allí. Nos admiten y cuando nos enteramos la alegría fue enorme y hasta pensábamos que podíamos estar en la misma clase. Mientras tanto me llama la religiosa directora del colegio en el que yo había estudiado hasta ese momento y me dice que les gustaría que siguiera estudiando con ellas el BUP. Le digo que no puedo por el tema económico y me responde que eso ya está solucionado. Realmente me apetecía muchísimo ir al instituto y más pensando que Antonio también iba pero delante de esta persona que veía a Jesús en ella y que responderle no era una desilusión para ella y haciendo lo que Dios me pedía en ese momento para amar ese prójimo le dije que sí.
Después le conté esta experiencia a Antonio José y su reacción fue la de siempre: era mayor la alegría de poder amar en el desapego que el estar aferrados a nuestros gustos.
Ya sólo deciros que en estos 29 años cuando he pasado una situación verdaderamente difícil he cogido sus cartas, he mirado esos momentos de cielo que hemos vivido y he seguido adelante.