• TIA FLORENTINA:
¡Buenos días! “Tía Florentina” ¿Permite que la llame así? “Tía Florentina” como antes comentábamos con Juan Manuel es la “tía Monja” que lo “hospedó” en la casa del Guadarrama, pertenece a la Congregación de las Misioneras de Acción Parroquial, vive en Madrid. De mucho nos puede contar de su sobrino. Durante su hospitalización en Madrid, lo invitó a pasar la fiesta del Corpus en su casa con usted sus compañeras de comunidad; ellas le decían que exageraba ,es usted “su tía” claro, cuando les contaba de la madurez humana y espiritual de Antonio José.
• ¿Cómo fue aquel Corpus en la casa de Guadarrama, con Antonio José y como fue la reacción de sus compañeras una vez que lo conocieron personalmente?
Durante su enfermedad yo vivía en Guadarrama y me dio la oportunidad de estar más tiempo con él. Me decían que yo tenía mucha pasión por mi sobrino, cuando las demás monjas lo conocieron me dijeron que estaba justificado. Niño muy superior a su edad.
• ¿Y en el hospital, también su presencia en él supo ir más hallá de su propia enfermedad, en su relación con el personal sanitario?
• ¿Qué nos puede decir de todo esto?
Era paciente de la Dtra. Hurtado, creo que así se llamaba, con ella estableció una relación, que a medida que la Dtra. lo fue tratando, conociendo y viendo como afrontaba la enfermedad y los tratamientos fue más allá de la simple relación médico enfermo, incluso la Dtra. quedó muy marcada por esa relación con Antonio José.
En el hospital dejó un impacto muy fuerte de la serenidad con la que sufría los dolores. Le aconsejaban que se expresara cuando le dolía. Lo veían siempre tan sereno y pacífico. Ya quisiéramos muchas mujeres a los treinta años tener la serenidad y el control que tiene este niño a su edad. En primavera del 77 vino al reparto de pediatría, en aquel tiempo no le correspondía y así pudo estar la madre con él.
Su madre estaba preparando los papeles en un pasillo y aparece la repartidora de las comidas: Hola Antonio José ya estamos por aquí, con expresiones muy alegres, no era algo normal, con los demás no hacían esto.
La doctora, con fama de rígida, le decía a su madre: “sálgase, Trinidad Hurtado, quiero hablar con el niño”. Era algo especial dentro de la cantidad de trabajo que tenía.
Le escribió una vez desde Granada, en la carta le preguntaba: ¿no me pueden dar la quimioterapia en Granda? La doctora le contestó diciendo que lo trajeran y lo recibió en su casa particular de descanso en los Molinos. Su padre me dijo: “ me dieron un café y ella se fue a pasear con AJ” algo muy fuera de lo normal. Algo especial veía en el niño.
Por último, hace unos días hablando con usted por teléfono me dijo que algunas hermanas de su congregación, están pidiéndole y leyendo las cartas de Antonio José, durante los ejercicios espirituales que recientemente han hecho, verdad.