sábado, 9 de febrero de 2008

OTRAS PREGUNTAS A ROCÍO



¿Cómo viviste su enfermedad?

Mi recuerdo, como ya digo es vago pero a la vez intenso. Realmente yo tenía 7 años cuando empezó su enfermedad, cuando empezaron los viajes a Madrid para ir al Hospital, y pasaba semanas o meses que no lo veía, ni a él ni a mis padres. Sus hermanos, su enfermedad la vivimos marcados por la ausencia de nuestros padres, y pasamos temporadas con nuestros abuelos, mi tía África, o incluso escolarizados en Guadarrama (Madrid) en el colegio de mi tía florentina. A cada uno de nosotros, nos marcó de forma diferente esa infancia. Para tres niños, como éramos sus hermanos, prescindir de la figura de los padres y de la del hermano mayor durante largos periodos de tiempo era cuando menos extraño…pero si tengo en mi memoria, que los reencuentros eran bonitos, y que ni mucho menos, siendo el otro niño, se aprovechaba de sus estancias en Granada para destacar entre nosotros o para llamar la atención a mis padres, sino todo lo contrario (Yo creo que era bastante consciente de que cuando estaba en Granada, nosotros necesitábamos de los cariños y mimos de mis padres y que el debía de pasar a segundo plano, ya que en breve volvían a partir y no teníamos a nuestros padres tan cerca como el).


Recuerdo, que una vez me llevaron a La Paz a verlo, tendría yo 8 años, y me impresionó muchísimo verlo sin pelo (llevaba meses sin verlo y de repente me lo encontré calvo) y supongo que viéndome la cara que yo puse, imagino que de susto, él hizo una gracia al respecto a su calva, para quitarle importancia y yo me acercara a darle un beso.


¿Qué recuerdas o que detalle de su persona tienes más claro, más propio suyo?

Creo que su buen humor. Su simpatía por excelencia. Se tomó la vida, como le vino, pero creo que en pocas ocasiones, perdió ese sentido del humor que le caracterizaba. Y su madurez, impropia para un niño de su edad.

Y ahora, que como mucho de nosotros has vuelto a recordar, releer sus cartas, reavivar tanto…¿Cómo puedes decirnos de esta gran hombre de 15 años, Antonio José?

Creo que tenía algo, un don, un aire, un corazón, un espíritu especial que lo hizo diferente y que afortunadamente nos dejó en herencia a todos, a los que lo conocimos y por lo que veo, a quienes no lo conocieron también, y que es una suerte, poder disfrutar de su testimonio, y de su legado. Todo esto, creo que nos ayuda a ser mejores personas. Para mi, mi hermano es como mi talismán, cuando estoy mal…levanto la mirada al cielo, y mentalmente digo “Tio, Antonio José, echame una mano!!

Ojalá, hoy siguiera entre nosotros, yo me siento orgullosa de ser hermana de Antonio José, y me gustaría disfrutarlo día a día, como disfruto de mis otros dos hermanos, me
gustaría darle un abrazo y decirle que lo quiero mucho. Pero, me queda la satisfacción de que en mi corazón y en mi cabeza se lo digo todos los días, desde hace treinta años.

lunes, 4 de febrero de 2008

Preguntas a Rocío Lombardo

¿Cómo recuerdas a tu hermano en casa? ¿su carácter? ¿charlando, como jugaba con vosotros?

Yo era muy pequeña, y tengo un vago recuerdo real de él, se más por lo que siempre me han contado, por las anécdotas y por lo que dejo escrito. Creo que era un chico muy alegre, con un gran sentido del humor, muy maduro para su edad, probablemente por las vida que le tocó vivir, y cariñoso, eso si lo recuerdo.

Recuerdo perfectamente su dormitorio, que yo entraba y lo encontraba escuchando música de Jarcha, de Carlos Cano…con unas letras que a mi corta edad yo no entendía, y el me invitaba a sentarme a su lado y me las explicaba.

También recuerdo muchas tardes en casa de mis padres, cuando le daban el alta hospitalaria, y conseguía tenernos a todos alrededor de la mesa del comedor jugando al dominó con mi abuelo materno, mi padre, un amigo de mi padre y Antonio José, y se pasaban las horas de una forma amena, con risas (pues el y mi padre son muy chistosos y a todo le sacaban una gracia). No recuerdo ni un arrebato de enfado por perder, y ya se sabe que en los juegos siempre hay alguna disputa, pues todo lo contrario era una atmósfera de paz absoluta. Yo me sentaba junto a ellos, y aprendí a jugar al dominó y siendo pequeña, me dejaban participar sin problemas. Hay una anécdota, que describe su carácter alegre y simpático:
Después de jugar una tarde al dominó, al terminar, le dice a mi abuelo:
Hoy me voy enfadadillo, abuelo, pues he perdido 15 pesetas.
Y le dice mi abuelo, pero Antonio, no lo entiendo, si tu padre ha perdido 3 pesetas, Juan Antonio, 5 y yo 2 ¿Cómo que has perdido tu 15?
Bueno, abuelo, es que yo hoy pensaba ganaros 25 y solo he ganado 10